Hola,

«El carácter de un hombre es su destino. Yo tengo un carácter pusilánime, lo sé; mi destino es la humillación: lo sé. Me tiran colillas a la puerta de mi casa y yo las limpio y doy gracias a Dios por los días en los que no tengo que limpiar colillas pero hoy he visto una película y tengo de mi parte toda la historia del cine y encima me siento sexy, o sea que mi carácter pusilánime está besando la lona»

Suele ser arriesgado comprar una novela cuando estás convencida de que te va a gustar, porque a veces resulta que tus expectativas son tan altas, que luego acaba disgustándote por muy buena que sea. No es el caso de Trenes hacia Tokio, de Alberto Olmos, porque la verdad es que he disfrutado su lectura de principio a fin.

¿Que por qué estaba tan segura de que me iba a gustar? Bueno, digamos que, como mucha gente de por aquí, y de otros sitios también, he seguido los blogs que escribía. También tuve el placer de conocerle personalmente, en un encuentro que él (todo un detallazo por su parte) decidió no plasmar en sus blogs en forma de crónica. Porque la verdad es que me mostré en mi faceta más patosa.

Esta novela está escrita en presente, y recuerda a un diario aunque no lo sea formalmente (desde el punto de vista clásico). De forma que al protagonista de esta historia constantemente le están sucediendo las cosas, en ese mismo momento. Y el protagonista es, ante todo, asombrosamente honesto consigo mismo, lo cual es toda una rareza a día de hoy, y no se corta a la hora de ver el mundo. Ver, oír y callar (casi siempre ese "callar" supone hablar sólo para uno mismo).

El protagonista, David, es profesor de inglés en Japón. Actualmente Japón es una moda: cualquiera que se dé una vuelta por Madrid o por cualquier otra ciudad suficientemente grande, verá bastantes tiendas de ropa japonesa, restaurantes de comida nipona, y encontrará toneladas de libros de autores japoneses. Tendemos a ver Japón como ese grupo de islitas lleno de gentecita pequeña, sonriente y muy trabajadora; pero, como en realidad es de esperar, Japón es en muchos aspectos como cualquier otro país: fracaso, miedo, pornografía, soledad aun a pesar de estar rodeado de gente, angustia. Y también alegrías, y relaciones, y amor, y sexo, y tabaco. Pero Japón también está lleno de contradicciones, y de historia, y de la magia de lo exótico; una extraña mezcla de tradición y modernismo occidental.

La verdad es que leyendo esta novela me han entrado unas ganas enormes de viajar a Japón.

Un besote